Tu secuestraste el Sol
te fuiste y con contigo se fue el sol. 1:1 En mi familia siempre es muy habitual sentarnos a cenar y hablar sobre nuestros dias. Cuando era mi turno de hablar, trataba de no profundizar en mi vida, no era por desconfianza, pero últimamente no tenía ánimos de dar explicaciones. Sólo vivía por vivir, había perdido el rumbo de mi vida, en lo que yo creía que era bueno, no lo era. Perdí algo que no se debe perder, la fé. Los días lluviosos se convirtieron en mis favoritos, sólo subir a la azotea y recostarme. Me dejaba empapar por la lluvia. Mi cuerpo se sentía frío, al exhalar sentía como si mi alma fuera a salir, fuera a dejar este cuerpo. Y de un momento a otro, lloraba sin cesar. Mis lágrimas se perdían entra la lluvia. La lluvia las arrastraba al piso y se disipaban, como aquel río que desemboca en el mar. Mis lamentos se perdían con el ruido de la lluvia.