Mis noches te pertenecen

Tengo que decírtelo, las noches; son tuyas. 

Es muy simple de explicar. Un día conocí a una chica de lindos rulitos y un corazón hermoso. Cuando le conocí, no le prestaba mucha atención,  pensé; pronto se irá. Da la sorpresa que no. 

Me empezaron a inquietar sus pláticas, llenas de risas y datos poco usuales. Congeniamos bien. 

Con veinticuatro años puedo decir que afortuna o desafortunadamente he tenido que pasar por muchas cosas. Pocas son las personas que logran sorprenderme o acatar mi atención. Y tu lograste pintar una cara de sorpresa en mi. 

Me divierten sus muecas. Aquellas que se muestran al estar concentrada. No puedo evitar no mirarle. Incluso me empece a quedar a estudiar a propósito. Solo para poder verle más. Ver sus pestañotas, que resaltan esos ojos tan divinos. Aquellas ventanas que solo reflejan lo incierto. 

Amo el sazón de tú comida. Llevo en mi corazón la ves que te preocupaste por mi. Un día en el que olvidé comer y tu hiciste el desayuno para ambos. Si un día muero pediré que inmortalicen ese recuerdo, ya que charlando de tópicos, dijiste; ¿puedo darte un abrazo?, me asombra lo valiente que eres, yo no lo hubiera hecho, apesar de que quería abrazarte, sentirte más cerquita. Mi corazón en ese momento, no cabía en mi pecho, bailaba de lado a lado, de arriba abajo, quería salirse de mi. También empece a escuchar tu voz chillona diciendo; Irving yo te quiero mucho. 

No supe que pasó. Pero sentí como un florecer, el nacimiento de algo, de algo colorido lleno de luz, que vendría con felicidad y amor. Me contuve el tomar tu mano, pero pareciera que nuestras manos se buscarán sin razón, las queríamos juntar, sin saber que pasaría, sin saber lo bien que embonaban; pero, al mismo tiempo nuestra situación era un reflejo de nuestra realidad, una mesa nos separaba, algo se encontraba entre los dos, impedia que nos acercaramos, y no muy lejos de la realidad, puesto que al parecer no podemos estar juntos o es acaso que no queremos estar juntos. La duda me intimida, no quiero conocer esa respuesta, saber que quizás no quieres estar conmigo. 

Mis dudas aumentaron y se disiparon cuando llenaste mi cara de besitos, sentir tus pequeños labios por toda mi cara, me daban tranquilidad. Las acciones  esclarecer lo que con palabras es nebuloso. Fue como ennoblecer tus te quiero. Con cada beso tuyo quitabas las neblinas, le dabas claridad ha alquel sentimiento privado de luz. 



¿Cómo me pides que te olvide? 

¿Como me pides que te deje de querer? 



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