te fuiste y con contigo se fue el sol. 1:1 En mi familia siempre es muy habitual sentarnos a cenar y hablar sobre nuestros dias. Cuando era mi turno de hablar, trataba de no profundizar en mi vida, no era por desconfianza, pero últimamente no tenía ánimos de dar explicaciones. Sólo vivía por vivir, había perdido el rumbo de mi vida, en lo que yo creía que era bueno, no lo era. Perdí algo que no se debe perder, la fé. Los días lluviosos se convirtieron en mis favoritos, sólo subir a la azotea y recostarme. Me dejaba empapar por la lluvia. Mi cuerpo se sentía frío, al exhalar sentía como si mi alma fuera a salir, fuera a dejar este cuerpo. Y de un momento a otro, lloraba sin cesar. Mis lágrimas se perdían entra la lluvia. La lluvia las arrastraba al piso y se disipaban, como aquel río que desemboca en el mar. Mis lamentos se perdían con el ruido de la lluvia.
Hoy quizás sea el ultimo día que ve a las estrellas de esta manera. Este año ha sido un completo viaje para mí. Nunca imagine que tuviera más parientes, son demasiados y me alegro haberlos conocido (al menos de vista). De las más duras lecciones que aprendí es que solo necesito una mano para contar a mis amigos, grandes decepciones y compañeros que creí que eran mis amigos, me cortaban la vuelta cada vez que los necesitaba, a pesar de eso aun los recuerdo con mucho cariño. Conocí a pequeñas y grandes personas, personas con las cuales discutí por saber quién estaba en lo correcto, para que al final ambos estuviéramos equivocados y agacháramos la cabeza de la vergüenza, también personas que me vieron llorar de impotencia por no poder lograrlo a tiempo, para luego reírnos y recordar esa noche donde más de 15 de nosotros lloramos y nos sentíamos un fiasco... y peor aún regresar a casa y decir, perdón no pude lograrlo... Incluso personas muy amables, que yo...
Tengo que decírtelo, las noches; son tuyas. Es muy simple de explicar. Un día conocí a una chica de lindos rulitos y un corazón hermoso. Cuando le conocí, no le prestaba mucha atención, pensé; pronto se irá. Da la sorpresa que no. Me empezaron a inquietar sus pláticas, llenas de risas y datos poco usuales. Congeniamos bien. Con veinticuatro años puedo decir que afortuna o desafortunadamente he tenido que pasar por muchas cosas. Pocas son las personas que logran sorprenderme o acatar mi atención. Y tu lograste pintar una cara de sorpresa en mi. Me divierten sus muecas. Aquellas que se muestran al estar concentrada. No puedo evitar no mirarle. Incluso me empece a quedar a estudiar a propósito. Solo para poder verle más. Ver sus pestañotas, que resaltan esos ojos tan divinos. Aquellas ventanas que solo reflejan lo incierto. Amo el sazón de tú comida. Llevo en mi corazón la ves que te preocupaste por mi. Un día en el que olvidé comer y tu hiciste el desay...
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